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Mi regalo de Navidad

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Una cosa tengo clara. Si no fuera por los médicos que me atendieron a continuación, sí que hubiera acabado ingresada, pero en psiquiatría. Había perdido completamente el control de mi misma. No había vuelto a la psicóloga y habían conseguido que creyera que era yo que inventaba la sintomatología para llamar la atención. Pero desde mi punto de vista veía que si realmente lo estaba inventando no lo hacía conscientemente. Que realmente una parte de mi lo hacía inconscientemente y eso me asustaba más. En mi yo interior siempre pensaba que ojalá fuera que lo inventara conscientemente, ya que al menos podía tener el control de ello. Pero si era inconscientemente… Ahí no tenía control ninguno. Fueron dos meses en los que la cabeza solo pensaba y no paraba ni en sueños. Aún tengo pesadillas donde veo a la gente que más quiero en secuencias decirme que no me cree y donde me despierto sola en cualquier habitación del hospital (el quirófano, la sala de resonancias, etc.). Por eso digo que ya al f...

Creyendo ver el horizonte

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Si os soy sincera, no me acuerdo mucho de lo que pasó a continuación. Ni del número de días que pasaron, ni de las citas médicas a las que fui ni de los exámenes que hice. Solo recuerdo que una tarde, cansados de ver como estaba de mareada y viendo que de la nada había aparecido un bulto en mi glúteo me llevaron a urgencias. Era un bulto enorme, que se veía sin necesidad de acercarse a mi.  Entré en urgencias acompañada de mis padres. Recuerdo ver unos bancos delante de administración. Todo me daba vueltas y solo tenía ganas de vomitar. Me tumbé directa en el banco, como quién se tira al mar.  Siempre recordaré las caras de las personas de administración. Caras de angustia y preocupación por verme así de mal. Estaba blanca, blanca de verdad, no como alguien que no toma el sol. No soy capaz de visualizar como era el médico, pero me salvó. No físicamente, porque no hubiera muerto, sino psíquicamente. Estaba empezando a entrar en bucle con las mismas dudas que siempre me llevaban...

Nublado y borroso

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La segunda consulta fue con traumatología. Empecé a encontrarme muy mal. Cada día me mareaba más y me costaba mantener el equilibrio. No sabíamos porque me pasaba, pero eso no me impedía seguir yendo a clase.   Además, el dolor no se había alejado de mi ni un momento.  Iba con miedo a su consulta, ya no por no saber qué podía tener, sino porque sabía que ella no me creía. Mi médico que cabecera decía que el mareo era provocado por un efecto secundario de la Lyrica (pregabalina) y que dado la magnitud de los mareos que tenía, lo suyo era dejar de tomarla. Pero que él no podía interferir en el tratamiento impuesto por la traumatóloga que me seguía viendo y, por lo tanto, tenía que esperar a la siguiente consulta con ella. El día de su consulta yo ya no podía estar de pie sin caerme. Dos familiares me acompañaron cogiéndome por los brazos, aguantándome. Recuerdo que ellos seguían hablando sobre si era verdad la sintomatología que tenía o si era para llamar la atención. Yo solo pe...