A la casilla de salida: mi psicóloga
Tres consultas pendientes: una con psicología, una con traumatología y una con neurología. La primera creo que fue con mi antigua psicóloga. Era una chica muy simpática y siempre me había entendido. Creía que había vivido situaciones que me habían hecho desarrollar la inteligencia emocional de manera más rápida que el resto de los jóvenes de mi edad. A todas las consultas, en principio, iba con mi madre. Ya que yo misma intentaba evitar a cualquier persona que no me creyera; no porque no quería escucharlos, sino porque me provocaban más sufrimiento que alivio. Además, la principal persona que dudaba de si el dolor era real o no era yo. Después de haber escuchado que era “psicológico” tantas veces, empezaba a creer que una parte de mi misma se lo estaba inventando para llamar la atención. Aún hoy en día sale a la luz esa parte en la que no lo creo hasta que los de mi alrededor tienen que llevarme a urgencias porque me mareo de dolor. Bueno, pues ahí estaba, en la consulta de psicología...