Mi primera cirugía
Por la tarde fuimos al hospital. En principio no ingresábamos, sino que íbamos por la puerta de cirugía menor. El cirujano ya nos había avisado que había la posibilidad de que al acabar la cirugía ingresara.
La sala de espera estaba llena. Y como no, las sillas eran lo más incómodo posible. Iba cambiando de posición y me levantaba, pero acabé de rodillas.
Cuando me llamaron mi padre me acompañó porque tenía que quedarse la ropa. Me desvestí y se la di, y entré en un pasillo donde a través de una ventana veía a cirujanos operar.
En ese momento no estaba nerviosa. La cirugía siempre me ha fascinado y estaba absorta mirando los movimientos de los cirujanos. No veía al paciente, pero pensé: a ver si un día puedo llegar a ser ellos.
Un hombre me llamó la atención dos veces. Me preguntó el nombre y con su ayuda me puso en una camilla.
Me empezaba a marear un poco. El motivo es porque llevo mucha graduación en las gafas y cuando me las quitas veo doble. Realmente descubrieron que tenía que llevar gafas porque no veía de lejos una isla que tenemos delante de nuestra población y, además, había veces que no era capaz de pasar por la puerta sin chocar con la pared. Era muy pequeña; iba a primero de primaria y no sabía que no veía bien porque siempre había visto igual desde que tenía memoria.
Pero volviendo a ese día. Me llevaron a la sala preoperatoria y me empezaron a preguntar sobre mi caso. En ese momento yo era menor pero siempre he aparentado más edad de la que tengo. Vino un sanitario a preguntarme sobre posibilidad de embarazo, consentimiento, etc. y yo iba contestando. Pero una enfermera que ya había hablado conmigo pasó por detrás de él y le pegó con un cuaderno que llevaba, diciéndole: ¡¡¡pero que es menoooor!!! Me hicieron reír porque ambos rieron y a su vez me tranquilizaron. Parece mentira, pero estaba más tranquila que en un examen. ¿Pero sabéis por qué? Porque en un examen depende de mi que salga bien o no; en cambio, la cirugía no.
Vino mi cirujano que a duras penas lo conocí hasta que me habló a mi y también estaba la enfermera de la consulta.
Ya habíamos hablado de si ponerme anestesia raquídea (una anestesia que solo te duerme de barriga para abajo) o anestesia total. Si me administraban la anestesia total el cirujano me contó que como tenía que estar tumbada me tendrían que intubar. Por tanto, decidimos conjuntamente que bastaba la anestesia raquídea.
Para ponerla me hicieron acercarme las rodillas al pecho estando tumbada de lado. Me dolía más la nalga que la aguja.
Después de esperar un rato me desplazaron hacia el quirófano. No sé que duró la cirugía en sí, pero la masa que me extrajeron era bastante grande: 10x7x5.5 cm. Les escuchaba hablar de forma floja, pero no me dormí. Notaba que estaban maniobrando en la zona, pero no dolía. Me fascinaba cada máquina, cada sonido y cada orden que se daban entre ellos.
Al finalizar, me dijeron que me afectaba a la musculatura glútea, pero macroscópicamente parecía que era benigno. De todas formas, tendríamos los resultados en unas semanas.
Me pusieron un drenaje y el cirujano me comunicó que tendría que estar ingresada hasta que dejara de expulsar fluido.
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| Drenaje quirúrgico |
Estuve ingresada durante una semana, más o menos, pero el cirujano no solo me había quitado el supuesto lipoma, sino que me había devuelto la sonrisa. En ese momento no tenía dolor y hasta podía caminar por el hospital.
En ese momento pensaba que la pesadilla se habría acabado. Pero no era así. Al cabo de unos meses volvería a pasar por quirófano.
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| "He tenido sueños y he tenido pesadillas, pero he vencido a mis pesadillas gracias a mis sueños". Jonas Salk. |



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